Por: Carlos Molina
"7 Cuentos sin Hadas"
La obra literaria de Munguía.
Elvin Munguia, narrador y poeta hondureño, perteneciente a la nueva generación de escritores y poetas ceibeños, cuyo trabajo literario es una continuación, si hablamos de la calidad de la tradición poética surgida en la década de los 60.
Elvin es integrante del grupo literario El Verbo, al que pertenecen los poetas ceibeños Félix Martínez, Israel Serrano, David Fortín, Nelson Martínez, Emin Rodríguez, Miguel Moncada y la poetisa Tania Alvarado.
“7 Cuentos sin Hadas” se llama el libro publicado por Elvin Munguia, y hoy reproducimos uno de sus mejores cuentos.
"Un Cuento sin hadas", nos hace recordar inevitablemente los cuentos de hadas que leímos en la infancia, adonde los protagonistas se enfrentaban a un sin numero de complicaciones y hasta a fuerzas sobrenaturales que logran superar luchando con vehemencia.
En este cuento, el autor con una prosa ágil e inundada de descripciones, nos va relatando una historia donde no existe la ruptura entre fantasía y realidad; las hadas son la naturaleza misma y dueñas del destino de los humanos, estos cada vez más insensibles. Este titulo sugiere que falta algo; y eso es lo que tenemos que averiguar.
El cuento

Refugiada en la odiosa depresión de su cuarto, las ilusiones pasaban enfrente suyo, traslucidas, indiferentes, reprimidas, llenas de complejos, hurañas, sombrías.
Construir mundos fantásticos se había convertido en un fastidio, una aventura intolerable, una triste apología, un epitafio que anuncia muerte, una insania, una mentira aceptada por conveniencia, un castigo, mas que un don.
En el crepúsculo tenue de una tarde melancólica y peregrina, aquel ser de piel añilada, decide salir, se dirige a la playa, se sienta en una banca olvidada bajo una palmera. el vineto sopla, le acaricia el rostro, ella piensa en la trajedia de su alma; el mar apcible intenta tocarla con sus olas frescas y salinas, la playa, hoy, está mas solitaria que de costumbre.
Ella imagina que el mundo se ha ocultad, que no quiere verle. Guarad el rostros en una bolsa de papel que está mas vacia que su espiritu. No hay logica ni magia, la esperanza vive hoy, en ataud negro sellado por todos lados, parece caja de pandora aun sin abrir. Piensa por un segundo, buscar alguna razon para descifrar el sufrimiento, pero no hay respuestas y se frustra, mientras la mirada se els desparrama por el fiordo y no esgrime dese de reir.
Entre tanto alguien mas aparece, viene con el rsotro infantil afligido, sus ojos cargando una nostalgia. Se sienta al alado del ser de piel añilada, sube als piernas a la banca y las abraza y se escucha un coro de suspiros en perfecta sincronía de desconsuelo; sin hablar, sin contarse que un animal les debora su abatido interior, como si se comnprendieran y se comunicaran la una a la otra lo inevitable de su decadencia; obsoletas ya por la rutina, por la tristeza infinita quizás, de sus vidas.
Del fondo del amr emerge una sombra de perfil femenini, sirena moderna, viene con la mirada cabizbaja, con el pelo rizado, la epidermis pigmentada con el mestizaje, como si pasara bornceandose, pero no canta, no está feliz, no pretende hechizar a los hombres con su melodiosa voz; parece mas bien resentida, trae en el alma un grado d erencor mas grande que el pecho. Talvez le incomode ver el oceano lleno de suciedad, de botellas plasticas flotando, de basura contaminando lo poco que nos queda de este mundo que s emuere tácito, por las pruebas de bombas nucleares en el pacífico, por los barcos derramando petróleo en el atlantico; los peces se están muriendo desde el mas grande hasta el mas chico, del ams extraño hasta el mas común y por si fuera poco, se han alterado los genes de toda especie marina, como concecuencia de de los desechos tóxicos arrojados en el fondo del índigo abismo y con esos esteros y alcantarillas que contaminan indolentes y figuran la forma siniestra de cañones asesinos, que sin compasión destruyen las laguans y ríos, los mares y los lagos; los resultados son catastróficos como sis se estuviera en una tercera o cuarta guerra mundial. El hada ve a su alrededor y el quejido s evuelve un lamento eterno. Miestras suspira impotente e implora una respuesta; pero ¿Quien sacrifica una lagrima? Como no obtuvo respuesta de sus ojos brota la lluvia de humedece la arena.De repente aparece otra mujer, baja entre las nubes sin agitar las alas de mariposa, adornadas de colores y matices tenues.
Las pupilas acongojadas, vuela con cierta displicencia, a ratos planea, hace algunas piruetas, acrobacias peligrosas. Entra y sale penetrando las nubes, rasgando el firmamento. El ánimo se le diluye en la atmosfera espesa. Sin embargo el viento parece que la disfruta y la acaricia. La ampara en el inquieto mundo de soplidos, mientras ella, con su faz blanca, ángel escapando de algún paraíso, sus ojos color de atardecer y el pelo ondeando en la pasividad de los nimbos algodonados. Por momentos se comporta como niña malcriada, en su extraña y desconocida lengua reniega y demuestra su enojo agitando las manos, con las palmas abiertas extendidas al firmamento.
Con gran respeto le atropella una nube la llena de humo, la ahoga y le tizna sus mejillas de plata. La nube ríe con sarcasmos estudiado, burla que no tiene sentido; ríe la nube que le pintó la cara. El cielo azul ve surcar al hada hermana de Céfiro en toda su esférica extensión, la entiende, la acoge en sus brazos y al unísono lanzan un triste grito, un desconsolado lamento y las dos sienten que el sol las quema, hoy mas que ayer. Con el color naranja del atardecer se marchan a otras latitudes, donde el bióxido de carbono no les dificulte respirar ni le marca los pómulos de tono sepia.
Súbitamente, del pico de la montaña mas verde que ha existido, se escucha un aullido lastimero que rebota de falda en falda en esa lejanía; cualquiera diría que es un lobo herido, pero es el hada del bosque, que llora sobre su verde rostro. El hada del bosque es tonalidad de la esperanza, su salvaje belleza es una madre selva. Sus cabellos son arroyos infinitos. La fragilidad de sus brazos como si fueran ramas y en la tranquilidad de su voz se escucha la brisa que arrastra la exquisita fragancia de un jardín silvestre; cuando pierde la cordura su bestial fuerza es un oso en primavera, aunque a veces adopta la felina actitud de un jaguar, que conjuga con la ternura de un travieso y huraño conejo. Vierte una lágrima y vela desolación de la tierra, y ya no es la resignación en su rostro. Simula incapacidad al mirar un rincón del bosque que se muere; el ruido ensordecedor de miles de moto sierras tocan un réquiem para una selva moribunda que se resiste a desaparecer. Un pino cae, se desploma y abre sus ramas, brazos suplicantes. Una encina esta herida y las barbas del cerro se ven intimidadas. El hada corre entre matorrales, ve con vengativo desprecios esos seres abstractos que pierden su alma a cambio de cinco de monedas, entones el corazón hace su nido en la rabia y el odio y peca mas de lo que puede.
Su ira se desata en verano y en invierno, cuando el hada del hielo llega con su lluvia y provoca inundaciones y derrumbes.
Un alud de tierra cubre dos aldeas que apacibles duermen y no esperan tal venganza, mientras que en verano una sequia los dejara en un desierto sin fin y los rizados cabellos del hada serán cortados, el agua se esconderá, que la tierra e inversa malignidad abra todo sus poros y ningún pozo tenga liquido alguno, solo arena secas hasta el ultimo remanso, hasta el ultimo e insignificante charco y en comp0licidad con el hada del mar, drenara toda agota hasta sus entrañas y no permitirá evaporación alguna y no abra mas ciclo del agua obviamente todo estos era culpa del efecto invernadero , dirán, los noticieros: es el fenómeno d el niño, el calentamiento global y otros dirán que es el apocalipsis y los seres humanos se escuadran en la capa de ozono. Así se echaran la culpa unos a otros, guerras, desidias, muerte, hambre, seguirán como una maldición. El hada oscura, el hada de la muerte, la hermana de l hades, los repudiara, los dejara vivir su desgracia, en al eternidad del desdén. Nada abra, nada.
Los infiernos de Dante serán una broma mal contada a la par de esta avasallante tribulación que acabara seguramente con este mundo absurdo. Que terror, a las siete hadas ya no les importa. Lo que parece sueño es un caos; es todo anacronismo sincronización pendular de relojes que se unen para activar en segundo el instante de destrucción.
El hada azul mira desde su óptica todo este laberinto y las marañas que parecen inevitables; reúne a sus amigas, delibera por unas horas y les pide clemencia, ya suficiente amargura hay en el mundo, como para eliminar lo poco que queda de magia en le ser humano. Esta hada, es la que llegó a la playa, la que salió de la habitación, la que s e sentía sola y comprendió, por que la falta de tolerancia, el cuestionamiento del por que sufrimos del por que olvidamos reír, y por que con imponente egoísmo nos destruimos a nosotros mismos cargando las mismas penas de siempre. La s hadas de su corazón, el mal, alejándose cada una donde permanece, lejos de los males humanos que fríamente destruyen a su propio ser infinito y el hada, que a su lado estaba, la contempla, con ojos de niña sorprendida, y se destella los enormes garzos quinqués que la observa como un ser superior, como algo etéreo, que no es de este mundo ni de otro, parece preguntar, intuye respuesta, agradecida le da un beso y desaparece para siempre y el hada azul queda ahí, vigilante, rumiando la idea de que es humana, de que es mujer. Observa por última vez el anaranjado atardecer, mientras se desvanece en mi pensamiento. Y esta historia se convierte en un cuento sin hadas por la fala de sensibilidad de los humanos y la muerte de los sueños. Gracias a la destrucción del hogar al que llamamos tierra y al suicidio del que llamamos vida, recapacito un instante y me vuelvo a dormir sin sorprenderme más por falta de hadas, ángeles, vírgenes, santas y diosas en el mundo. “Un cuento sin Hadas” del autor Elvin Munguía.
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