•7/01/2009 11:59:00 a. m.

Por Carlos Molina

Considero el editorial de Oscar Moncada Buezo “Quisiera que me consulten” publicado el pasado martes en Diario Tiempo como muy oportuno a raíz de la situación política que atraviesa nuestro país con la destitución del presidente Manuel Zelaya Rosales. La consulta, es justamente lo que promovía el ex mandatario a través de una cuarta urna en la cual le preguntaría al pueblo si estaba de acuerdo o no en reformar la constitución por medio de una constituyente. El propósito del derrocado presidente con la reforma, era que el pueblo pudiera opinar en las decisiones trascendentales para el país, sin embargo con los cambios, Zelaya tambien pretendía la reelección presidencial, aunque no para este periodo ya que siempre manifestó que terminaría su periodo presidencial el 27 de enero y el tiempo para la nueva ley iba a ser muy corto, aunque si le permitiría lanzar su candidatura para los siguientes comicios, y de ser nuevamente presidente iba a poder ser reelegido como es el caso de Hugo Chávez en Venezuela. Una cosa lleva a la otra, lo cierto es que la población iba a tener el instrumeto para opinar, siempre y cuando su gobierno no cambiara y nso impusiera un estado totalitario. Por ahora los hondureños solo podemos elegir presidentes, diputados, y alcaldes, después de eso la constitución nos prohíbe el derecho a evaluar el trabajo de nuestros elegidos a través de una consulta.

Moncada Buezo escribió: Quisiera que me consulten, y lo compartimos con los lectores de Cultura Popular.

Quisiéramos ser consultados sobre lo siguiente:

En Cuestiones Políticas y de Gobierno, que si aprobamos la reducción del número de diputados al congreso nacional, cuya actual cantidad supera vergonzosamente las establecidas en algunos países con mayor población. Igualmente, queremos ser preguntados si debe continuar la forma en la que les elegimos, basada en la imposición de personas que sólo representan a clanes familiares o económicos, secuestrando así las organizaciones políticas y haciéndolas inaccesibles para la mayoría, o si preferimos la creación de distritos electorales – tal y como nos lo ofreció sin cumplirlo Ricardo Maduro – de manera que seleccionemos a nuestros representantes por sectores o cuadrantes urbanos, o por municipios, logrando que las comunidades escojan dentro de su seno a sus líderes.
Deseamos ser consultados si aprobamos que los presidentes del congreso busquen el poder desde el poder, como lo hicieron todos los anteriores, malversando su presupuesto en publicidad, tráfico de influencias y oscuros subsidios. Además, pregúntennos si apoyamos que los diputados se reelijan consecutivamente sin que evaluemos sus actuaciones, a través del número y propósito de las iniciativas de ley presentadas individualmente. Deben saber que desaprobamos que exijan dispensas para comprar vehículos y detestamos que las vendan al mejor postor.
Pregúntennos si aprobamos un mecanismo que nos permita despedir a presidentes, cuyas actuaciones comprometan los caudales públicos, la seguridad, el nombre o prestigio nacionales. Esta figura nos habría permitido relevar de sus puestos a uno o dos de los que antes elegimos, tal como Estados Unidos hiciera con Nixon y casi con Clinton. Con esta figura echaríamos también a aquellos alcaldes, como los últimos dos de Tegucigalpa y San Pedro Sula, que malgastaron su tiempo – por el que les pagamos - y el tesoro municipal en campañas políticas, estafando las aspiraciones de los contribuyentes de habitar en ciudades dignas, y quienes tienen el indecoro de culpar a la naturaleza o a la falta de apoyo gubernamental por el evidente desastre en que mantienen las vías de sus ciudades.

En Cuestiones Tributarias, y tomando como referencia bibliográfica el libro “Honduras, Poderes Fácticos y Sistema Político”, mi familia desea ser consultada si aprobamos que influyentes grupos económicos, poseedores de franquicias para la venta de comidas rápidas, no paguen ciertos impuestos – como sí lo hacía mi padre, como lo hacen mis hermanos y amigos, y como lo hago yo y harán mis hijos – amparadas estas empresas en extraños regímenes fiscales que convierten sus actividades en “turísticas”. Este extravagante privilegio - que forma parte de los 17 mil millones de lempiras exonerados en seis años a grupos similares - disminuye las finanzas estatales, generando insolvencia para atender las obligaciones con los más pobres. Observemos que mientras la economía general languidece, estos “centros turísticos” se multiplican maravillosamente, haciendo que perdamos nuestra identidad y tradiciones culinarias.
Debieron preguntarnos si aprobábamos que el congreso rebajase las condiciones de impuestos y cánones que tenían las primeras compañías de telefonía celular en sus contratos originales de explotación, con lo cual el pueblo perdió millones. ¿O es que nuestra clase media, principal usuaria de los móviles y tan indiferente e irreflexiva en la disyuntiva actual, desconoce que la abundante publicidad pagada por estas empresas, diariamente y a página entera en todos los periódicos nacionales, así como el demencial y estridente mercadeo, repetido frenéticamente en radio y televisión, es una señal inequívoca de sus enormes utilidades, mínima parte de las cuales debieron haberse tributado al tesoro nacional, de no haber mediado tales modificaciones?

Sobre Tratados Internacionales: los hondureños todavía resentimos el hecho de no haber sido oportunamente ilustrados, y mucho menos consultados, sobre algunos pormenores del tratado de libre comercio firmado con Estados Unidos, como sí lo fueron los costarricenses, quienes en plebiscito y por escasísimo margen de diferencia, menor al 2%, le dieron el mandato afirmativo a su gobierno para que lo firmase.

Sobre Presupuesto y otras cosas más: ¿acaso los contribuyentes al ser consultados, no preferiríamos que se aprobase mayor presupuesto a la construcción y equipamiento de escuelas, colegios y hospitales, en lugar de destinar recursos a un parlamento y corte de justicia centroamericanos que nada nos reditúan? ¿Sabe nuestra clase media que tanto menosprecia el IHSS, que a esta institución van a morir con terribles y penosas limitaciones nuestros viejos o nuestros parientes jóvenes con enfermedades crónicas sólo porque nadie se atreve a levantar los techos de cotización? ¿Consúltennos si es ético que algunos dueños de medios de prensa tengan intereses relacionados en banca, industria, producción de bienes y energía, lo que hace que no informen ni formen opinión objetivamente, tal como actualmente acontece con muy honrosas excepciones?

Asómbrense señores: sobre todas estas cosas no podremos opinar jamás porque nuestra constitución lo prohíbe y el referéndum y plebiscito recientemente reglamentados tampoco lo permiten.

Al Gore ex presidente de EUA, afirma en su libro “El Ataque Contra la Razón”.
“Es la falta de participación lo que proporciona poder a los corruptos. Es el mutismo forzado de la opinión pública lo que impide a la gente unirse en un esfuerzo colectivo por conseguir que la razón vuelva a mediar entre la riqueza y el poder. Cuando la sociedad se limita a ver y escuchar, sin participar, todo el ejercicio es fraudulento.”
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1 comentarios:

On 06 julio, 2009 21:57 , Anónimo dijo...

Me parece muy ponderado e imparcial este articulo,lo felicito y continue así.