•7/22/2009 12:16:00 PM
Por: Carlos Molina

Los momentos tensos que estamos viviendo los hondureños tras el golpe de estado me trajo a la memoria la batalla inútil que libraron nacionalistas y liberales en La Ceiba en enero de 1911, en la cual hubo miles de muertos por ambos bandos.

Los hondureños vivíamos en paz; hasta hace unos días pensábamos que los golpes de estado, eran historia, sin embargo hemos retrocedido varias décadas. Los militares y políticos golpistas, retornaron al método bellaco de hacerse del poder, con la modalidad de “Tira la piedra y esconde la mano”.

El General Francisco Guerrero oyó una voz, que le dijo: “Ríndase General Guerrero; toda su resistencia será inútil por la superioridad de nuestras armas”. A lo que él les contestó: “Los hombres de honor, saben morir con dignidad en el puesto que se les ha confiado; mi conciencia reprocha con valentía el menor gesto de deslealtad”. Esas fueron sus últimas palabras y se desplomó ante el impacto de varios proyectiles. Esto ocurrió junto al Estero en La Ceiba.


La Guerra civil en La Ceiba
Este choque armado entre fuerzas del partido liberal contra los nacionalistas, librada en plena ciudad, es recordada mas que todo porque en ella perdió la vida el General Francisco Guerrero.
En el año 1910 comenzaba a alterarse la paz en Honduras ante persistentes rumores que el General Manuel Bonilla invadiría la Costa Norte. En el mes de septiembre de ese mismo año, amigos y partidarios del General Bonilla atacaron Puerto Cortés con el objetivo de tomarse el cuartel La Laguna, intento en el cual fracasaron después de una férrea resistencia departe de las fuerzas del gobierno, muriendo el Mayor de Plaza, Coronel José Rosa Erazo.
El 2 de noviembre de 191, el gobierno ordeno el traslado a La Ceiba de una sección de la escuela militar de Cabos y Sargentos, al mando del Coronel Miguel Velásquez Garay, para reforzar esa plaza ante los fuertes rumores de ser uno de los objetivos principales de la llamada revolución.
En los primeros días del mes de enero de 1911, el presidente Dávila ordenó al General Francisco Guerrero que se traslade inmediatamente al Puerto de Trujillo a La Ceiba para hacerse cargo de la comandancia de armas de La Ceiba y de la Gobernación Política de Atlántida, con instrucciones de que procediera a la defensa de esa plaza, para lo cual organizó un ejercito regular que se le facilitó, mas la guarnición permanente del Puerto así como del Centro Penal.

El General Francisco Guerrero nació en Ahuachapán, El Salvador vivió con la señora Isabel Alvarado, originaria de Comayagua, pero se conocieron en Trujillo. Luego se vinieron a vivir a la aldea española de Bonitillo, a comienzos del siglo XX. Tuvo un hijo, llamado Alfonso Guerrero, con la señora Antonia Zelaya hermana del ingeniero Mónico Zelaya, mismo que instaló el servicio de agua potable por gravedad en la ciudad. Cuando visitaba La Ceiba para asistir a las continuas fiestas que se celebraban, se hospedaba en la casa de su gran amigo, el doctor Francisco A. Matute, fundador del departamento de Atlántida. Era alto, blanco, de ojos claros amielados, hijo de un español con una indígena salvadoreña, viniéndose a radicar a Honduras para preparar y formar militares en esta nación. Era un gran bonillista, amigo muy intimo de don Manuel pero, por su honestidad y pundonor, el gobierno del doctor Miguel R. Dávila lo nombra comandante de armas de la ciudad más importante de Honduras por su movimiento comercial.
Al llegar a La Ceiba, dio inicio a los atrincheramientos y fortificaciones en los alrededores del puerto, confiando esta misión al coronel e ingeniero Joaquín Medina Planas, así como para la dirección en la defensa de un frente de batalla desde La Barra, en el extremo oriental de la ciudad, siguiendo al orilla occidental de El estero, la iglesia de la Medalla Milagrosa, la casa del doctor Reinolds (Hotel Royal), el bosque que es hoy el Barrio Potreritos. Luego la línea de defensa seguía por las calles, ocho nueve, diez, y once hasta terminar en la colonia El Naranjal, el camino a la Julia (en aquel tiempo era otro bosque). Del Naranjal otra línea de defensa seguía por el Polo Ártico en línea recta hasta el desaparecido camino de Adán, (Boulevard 15 de septiembre).
La defensa de la salida del camino de Adán que comenzaba en el cruce de la calle once y la avenida La república, así como la zona neutral de Mazapán, fue confiada a los Coroneles Manuel Antonio López y Miguel Velásquez, apoyados por un cuerpo de francotiradores de oficiales y cadetes de la escuela de Cabos y Sargentos que comandaba Velásquez.
La defensa del occidente de la Ceiba desde la zona Mazapán, el Estero, el Higuerito y la playa del mar, estuvo a cargo del General Pedro Díaz M. el 20 de enero de 1911 ya se tenía conocimiento que las llamadas Fuerzas revolucionarias que comandaba el General Manuel Bonilla, habían tomado las plazas de Roatán y Trujillo sin encontrar ninguna resistencia y que por mar y tierra se aproximaban a Balfate en su camino para tomarse La Ceiba.

El General Guerrero organizó un cuerpo de la Cruz Roja con los doctores Pompilio Romero, Rubén Andino Aguilar e Isidro Mejía, y cuando fue avisado que las fuerzas revolucionarias se encontraban en Boca Vieja, a corta distancia de La Ceiba, hizo sus testamento ante los oficios del notario Serapio Hernández y Hernández, el que seguidamente depositó en las manos del amigo de su mayor confianza como lo era el Doctor Francisco A. Matute el día 23 de enero.

El Licenciado Vicente Gámez Nolasco, en su trabajo “La muerte del General Francisco Guerrero”, escribe lo siguiente:
“Un día antes de comenzar el combate, una comisión de capitanes de Guerra y del cuerpo consular, visitó al General Guerrero , manifestándole que la revolución contaba con poderosos contingentes militares y elementos muy superiores, que le imposibilitaban dentro de lo humano, la defensa de La Ceiba; invitándolo por si dudaba, a visitar los campamentos revolucionarios, en donde se encontraba el amigo de sus simpatías General Manuel Bonilla, por lo que se esperaba de el la entrega voluntaria de esa plaza¸ o que por lo menos para evitar un derramamiento innecesario de sangre, se le incitaba para que desocupara la plaza y se retirara con sus fuerzas al interior del país. Esta propuesta fue rechazada de plano ante el cónsul norteamericano Mr. Allen Gordy Capitanes de Barcos de guerra norteamericanos e ingleses, surtos en la bahía, resolución que fue llevada a conocimiento del Jefe de la Revolución General Manuel Bonilla.

La compañía de Cabos y Sargentos se situó desde la entrada del camino de Adán hoy Boulevard 15 de septiembre, calle once y camino de la Julia, frente al Naranjal de la Standard, formando su línea de combate. Esta fue la línea invulnerable, por la que nunca pudo penetrar la fuerza revolucionaria.
La defensa del cuartel principal estuvo a cargo del mayor de plaza, Coronel Damas, originario de Comayagua. El 24 de enero de 1911, ya estaban todas las fuerzas del gobierno ocupando sus respectivos atrincheramientos, en posición de combate frente a las fuerzas revolucionarias que ya se divisaban en la rivera oriental del rio Cangrejal. El combate fiero y nutrido se inició como a las siete y media de la mañana del 25 de enero de 1911, por varios puntos simultáneos. Los revolucionarios atacaron desde la playa del Estero, casa del Doctor Reinolds, casa del General Pizzati, hoy casa comercial Pizzati Bros, camino La Julia, El Naranjal y camino de Adán, hasta cerrar una herradura de fuego en el Higuerito, punto defendido por el General Pedro Díaz. A las fuerzas leales al gobierno quedaron, por consiguiente, materialmente sitiadas con la única salida al mar norte.
Los jefes y oficiales con sus respectivas unidades de tropa, defendían esta plaza con verdadero heroísmo. El fuego no cesaba ni un momento, siempre continuó en orden cerrado, se oían simultáneamente las detonaciones de los francotiradores de infantería, el estampido de los cañones y el tableteo de las ametralladoras, por ambas partes, hasta producirse un rudo y vigoroso combate, como un verdadero duelo a muerte. Mientras tanto el General Guerrero recorría la línea de fuego para infundir valor y coraje a sus tropas frente a un enemigo muy superior en número y elementos bélicos. De pronto el General Guerrero se sintió herido, cuando revisaba sus tropas frente a la casa del doctor Reinolds (Hotel Royal). Simultáneamente recibía noticias de uno de sus ayudantes de órdenes, que el paso de Boca del Estero era insostenible; que sus trincheras eran perforadas y el enemigo penetraba arrollador. Así herido como se encontraba, hizo girar su cabalgadura, regresando al punto neurálgico que estaba siendo abandonado por sus tropas; ordenó a la sección de cadetes que lo acompañaran; y llegando al punto preciso sacó su revolver he hizo varios disparos para inyectar su heroísmo, su hazaña de héroe, y su espíritu combativo en los soldados.

El General Guerrero oyó una voz, probablemente de una persona conocida, pues le dijo: “Ríndase General Guerrero; toda su resistencia será inútil por la superioridad de nuestras armas”. A lo que él les contestó: “Los hombres de honor, saben morir con dignidad en e l puesto que se les ha confiado; mi conciencia reprocha con valentía el menor gesto de deslealtad”. Esas fueron sus ultimas palabras y se desplomó ante el impacto de varios proyectiles: estaba mortalmente herido; ya casi exánime dijo a sus oficiales y soldados: “Quemad hasta el ultimo cartucho, y no os rindáis nunca; es preferible morir sobre las trincheras como lo manda la enseña, honor y dignidad militar”. Esto pasaba en la Boca del Estero; ya que desde ese punto hasta El Naranjal por el oriente, defendían desesperadamente sus trincheras.

La persona que le dijo al General Guerreo que se rindiera fue el mercenario norteamericano General Lee Christmas, al servicio de Manuel Bonilla. El que le disparó todos los proyectiles que tenía en su pistola fue el otro mercenario norteamericano, General Guy Malone, quien prácticamente es el que en realidad mata al General Francisco Guerrero.

El General Rufino Solís, leal a Manuel Bonilla aseguró que un Hondureño bien nacido, y sobre todo que haya tratado a Guerrero “Jamás lo hubiera asesinado a sangre fría como lo hizo el mercenario yanqui”, pues era una persona muy querida y apreciada hasta por sus enemigos políticos, mas cuando se conocía el hecho de la profunda amistad y afecto que aun en el campo de batalla le demostró Bonilla, quien le había dado a el ordenes directas de que sele respetara la vida al general Guerrero, y en caso de que cayera prisionero, se le tratara con toda consideración.
Estos acontecimientos nunca fueron del conocimiento de Manuel Bonilla, pues su Estado Mayor dio ordenes con amenazas de muerte para que se mantuviera en el mas estricto secreto el nombre de la persona que el dio muerte al General Guerrero, temiendo que tal suceso hubiera afectado definitivamente las relaciones entre los mercenarios norteamericanos y el general Bonilla, y estos, Christmas y Malone, eran piezas claves y necesaria para continuar con la llamada revolución.
Continuemos con el relato del Licenciado Vicente Gámez Nolasco:
“Ya casi sin vida el General Guerreo fue conducido a la Cruz Roja donde fue asistido, falleciendo pocas horas después, siendo llevado su cadáver a la casa de su mejor amigo, el doctor Francisco Matute. Las tropas revolucionarias hicieron su entrada triunfal a las tres y media de la tarde, bajo las órdenes del General Lee Christmas, primer jefe de operaciones, y lo hicieron precisamente por la Boca del Estero.

El General Manuel Bonilla, jefe de las fuerzas revolucionarias, ordenó que se le hiciera un entierro con todos los honores el que tuvo verificación en el cementerio del Barrio Ingles un 26 de enero de 1911.
Al desfile y honras fúnebres asistió el General Bonilla con todo su Estado Mayor. Sobre la tumba del General Guerrero, yace una modesta loza, con esta sencilla leyenda: GENERAL FRANCISCO GUERREO FALLECIDO EL 25 DE ENRO DE 1911.
Entre aquellos héroes vencidos cabe mencionar los siguientes: Coroneles Hipólito Reyes, Miguel Velásquez Garay, Manuel Antonio López, Generales: Pedro Díaz, Eduardo Rosales H, Pedro Escoto Urquía, Ricardo Ventura, y entre los Cadetes, Pastor Castellanos, Abel Fúnez, Juan Ángel Aguilar y Augusto Ramírez, estos tres últimos de Jesús de Otoro Intibucá.

Después de estos acontecimientos se firmó el tratado de armisticio a bordo del barco de guerra “EL TACOMA” dando por terminada la inútil resistencia del gobierno del General Dávila, quien depositaria el mando en el doctor Francisco Bertrand, propuesto por el General Manuel Bonilla.
Los recordaos ceibeños Coroneles: Alejandro Laínez, José Mercadal, Faustino P, Calix, entonces triunfadores revolucionarios, ordenaron levantar un monumento conmemorativo de concreto, el que aun existe en el cementerio del Barrio Ingles junto a la tumba del General Guerrero, en uno de sus frentes puede verse la siguiente leyenda: “EL PEUBLO HONDUREÑO A LOS MUERTOS EN EL COMBATE DE LA CEIBA, EL 25 D EENERO D E1911”

En opinión del General Rufino Solís, la llamada “Batalla de La Ceiba” fue una completa carnicería, con miles de muertos por ambos bandos contendientes.

(Fuente: Libro “La Ceiba sus Raíces y su Historia” del historiador Antonio Canelas Díaz).
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5 comentarios:

On 23 julio, 2009 02:41 , julio dijo...

Esta injusticia debería servir para progresar como país.No creo que los golpistas duren pero el aprendizaje que estas crisis dejan si duran.Yo como argentino lo se muy bien.

 
On 06 agosto, 2009 10:52 , Anónimo dijo...

Excelente contribucion!, les invito a visitar www.fotosantiguashonduras.blogspot.com, creo que podemos compartir informacion para seguir haciendo nuestra historia.

 
On 10 agosto, 2009 16:50 , Anónimo dijo...

Visité la página, está muy interesante, gracias por publicar ese tipo de información y gráficas que muchas veces nosotros los hondureños no valoramos por nuestra escasa cultura.

 
On 16 agosto, 2009 17:01 , Luis Enrique Cabrera España dijo...

Excelente comentario sobre mi bisabuelo, fue de los ultimos eroes que vio el siglo pasado, me gustaria saber en que otro texto sale mas sobre el, saludos y felicidades...

 
On 27 agosto, 2009 08:12 , Ana Sosa Espana dijo...

Este articulo me llena de orgullo pues el general Guerrero fue mi bisabuelo, lastima que no mencionan que se caso en Ocotepeque con la distinguida dama Cecilia Rosa, con quien procreo cuatro hijos Raquel, Francisco, Belia y Cecilia, quienes a corta edad quedaron huerfanos de su padre (Cecilia la menor no lo conocio pues Dona Cecilia estaba embarazada cuando el general fue asesinado), todos ellos fueron ciudadanos de bien y hasta 1997 todos ellos estaban vivos con mas de 90 anos de edad, ahora ya descansan en el cielo en compania de sus padres a los que perdieron siendo muy jovenes.